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DESENMASCARAR A LOS PSICOFÁRMACOS INFANTILES

6 octubre, 2016

Artículo en catalán en EMOTICAT, IE al Lleure.

13farmacos

Se ha hablado mucho de los psicofármacos que se usan para el TDAH. Incluso, se ha normalizado su uso porque, ¿quién no conoce algún niño que lo toma? Los antidepresivos son otra historia. Parece que pertenece a los adultos, y que los niños y adolescentes que sufren depresión pasen a ser candidatos de su consumo en el futuro. El trastorno depresivo mayor tiene una prevalencia estimada del 2-8% en niños de 12 años y del 5-6% en adolescentes de 13 a 18 años. No se sabe en realidad cuántos lo sufren y se considera escasamente diagnosticado y tratado. Presentan síntomas poco comunes como irritabilidad, conductas agresivas y rechazo en la escuela. Son tratados como niños problemáticos y disruptivos, sin tomar medidas preventivas o educativas en la familia, la escuela, la administración y la sociedad.

En 2004 la institución FDA (Food and Drug Administration), alertó sobre el riesgo del aumento de conductas suicidas en niños y adolescentes tratados con antidepresivos. No se hizo mucho caso, ni se preocuparon de si se mantenía el consumo ante un trastorno que afecta a los menores y está oculto en nuestra sociedad. Entre 2005 y 2012 se realizó un estudio transversal, revelando que había incrementado el uso de antidepresivos en niños y adolescentes durante este año. España no formaba parte de este estudio, pero ya sabemos que es uno de los principales consumidores de psicofármacos de la Unión Europea. Consideramos que lo que vale para los Estados Unidos, Dinamarca, Alemania, Reino Unido y Países Bajos; ¡lo vale para Cataluña, y es alarmante!

El mayor incremento de consumo de antidepresivos se da en niños de entre 15 y 19 años, no excluye a los de menos edad y se extiende a otros medicamentos para el TDAH y los antipsicóticos. Han aumentado los jóvenes que utilizan los servicios de salud mental, se sigue tratando con farmacoterapia y el marketing de las compañías farmacéuticas es abrumador. Cabe señalar que las farmacéuticas financian el 65% de los estudios sobre los efectos de los psicofármacos. Os podéis imaginar cuál puede ser el resultado y como sobreestiman su eficacia, aunque los suicidios y la infelicidad asolan a niños y adolescentes.

La autonomía emocional, competencia de la inteligencia emocional, nos permite discriminar a la hora de elegir un tratamiento a pesar de no tenemos conocimientos. Nos hace responsables de nuestras elecciones, sin tener que culpar a empresas o personal médico. Los padres y madres deben tomar conciencia de la importancia de la prevención y si no ha sido posible, medicar a sus hijos sólo en situaciones patológicas graves. No estoy negando el uso de los psicofármacos, pero si como una de las últimas alternativas.

Educar para resolver problemas, tomar decisiones o escoger una forma de ser y hacer, parece que esté al alcance de unos pocos privilegiados. Esto es una falsa creencia ya que la educación emocional nos puede ayudar a disolver la creencia de que un medicamento permite alcanzar el equilibrio emocional rápidamente y sin esfuerzo. Nuestra autonomía nos muestra el camino hacia la conciencia emocional propia y de los demás, lo que nos hace independientes de las campañas milagrosas, de la “pastillita de la felicidad”, de los hijos perfectamente equilibrados a lo que se les pida o padres que son capaces de dar respuestas inmediatas. Todos vamos por la vida de aprendizaje en aprendizaje y tenemos errores que nos deben servir para mejorar y no sólo sobrevivir. Hay que buscar segundas opiniones y alternativas. No se quede con la única opción de los psicofármacos.13psicofarmacologia1

Para terminar, un apunte sobre lo que dice la OCU (organización de consumidores y Usuarios): “No hay certeza de que el tratamiento para la TDAH seguimiento eficaz a largo plazo y que mejore el funcionamiento social, escolar y familiar pasados los 3 años desde el inicio del consumo … “. Podemos añadir que los niños medicados desarrollan su cerebro y sus habilidades condicionados a una sustancia que les impide conectar con su interior, con su conciencia, que es la que tiene que madurar para adaptarse y estabilizarse.

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